martes, 21 de febrero de 2017

Postales viajeras en el tiempo








El corral de los Chícharos se construyó a finales del siglo XIX y estaba situado en la calle Lumbreras número ocho de Sevilla. Fue uno de los corrales de vecinos más conocido de la Alameda.

Para mí es un lugar especial  debido a que en él creció mi padre y vivió toda su juventud. Yo guardo desdibujados recuerdos del lugar porque siendo yo pequeña, mi padre nos llevaba a visitar a mi abuela que aún permanecía viviendo allí. En el año 1977, tenía yo cinco años,  desalojaron a las pocas personas que lo habitaban.

Con posterioridad el corral se rehabilitó para convertirlo en un edificio de apartamentos con el nombre de “El Patio de la Cartuja” que abrió sus puertas por primera vez con motivo de la Exposición del 92 clausurándose al terminar la Exposición y volviéndose a reabrir en 1993. 

En su reconstrucción, como puede observarse en la foto, se ha mantenido intacta su estructura arquitectónica original, aunque se le ha añadido una segunda planta. 


En su día albergó a más de sesenta familias  y recuerdo que había una mesa en el centro con macetas encima y alrededor, y otras tantas colgadas en las barandas de la balconada tal y como se sigue haciendo en la actualidad. Lo recuerdo como un lugar alegre y habitado por personas muy amables

En estos corrales la vida se hacía en el patio central al que daban las puertas de las habitaciones de los inquilinos ya que solían estar en régimen de alquiler.
En sus patios se cantaba, se bailaba, se compartía la comida que cada uno lleva  y se cotilleaba. Eran muy conocidos por su engalanamiento y concursos durante las “cruces de mayo”. 

El  corral de los chícharos aún sigue en el recuerdo de mi familia y sale a colación en muchas historias que mi padre nos cuenta sobre su infancia. Como por ejemplo que él escuchaba decir a los mayores del lugar, que allí se crió Manolo Caracol y cómo añoraban sus cantes espontáneos.

Para mí ha sido muy emotivo este trabajo ya que, aunque conocía ya el corral reformado, volver de nuevo allí para componer la foto, me ha hecho rememorar momentos vividos y recordarme cuales son mis orígenes familiares. 

Como podréis imaginar cuento con muchas fotos del edificio, las cuales he estado ojeando de nuevo para este trabajo porque hubiese sido aún más emotivo que la fotografía fuese de origen familiar, pero en realidad, ninguna contaba con un plano general que pudiese prestarse al montaje.

Por otro lado, este tipo de intervención visual entre lo antiguo y lo actual  me ha invitado a reflexionar sobre cómo ha cambiado el patrimonio urbanístico de la ciudad y los cambios sufridos en las costumbres de la sociedad. Es curioso, en el caso del barrio en el que se ubica este edificio, cómo se ha revalorizado con el tiempo, cuando en antaño era una ubicación de las más populares y asequibles para las familias menos favorecidas.

Para finalizar haré mención a la importancia que tiene registrar las imágenes del presente para documentar y analizar en un futuro, nuestro pasado.