sábado, 28 de octubre de 2017

"Mi archivo sonoro inmaterial".






El sonido que provocan los niños jugando en un patio de colegio me resulta bastante evocador de mi niñez y es por esta razón que, he decidido grabarlo. 



Desde la primera toma de contacto auditivo con este sonido se aprecia una gran amplitud de onda, es por ello, que cuenta con un fuerte volumen, posiblemente de bastantes Decibelios.

Por otro lado, se perciben en él numerosas vibraciones por segundo, producidas por sus emisores, las voces de los niños. Ello nos lleva a asegurar que se trata de un sonido agudo sin reverberación alguna ya que las voces se producen en un lugar abierto, como suelen ser los patios de colegio, por esta razón, el sonido no choca con elementos que obstaculicen su proyección.

Además, este tipo de ruido cuenta con una particularidad. Aunque se trata de un ruido provocado por  distintas voces infantiles,  todas cuentan con timbre parecido que apenas permite diferenciarlas, por ello, se percibe casi como un único sonido. En realidad, resulta agradable y entrañable, más bien por lo que representa, que por su características técnicas.

Su significado se podría traducir a sonidos de libertad, de expansión y de aceleración.
Me rememora las intensas relaciones que manteníamos con los compañeros de clase durante la infancia, a la hora del recreo, en las que el tiempo apremiaba para aprovechar ese corto periodo de tiempo del que disponíamos durante la mañana de clases. Se trataba de los treinta minutos más valiosos del día, había que optimizarlos de la mejor manera posible, para que la sensación que nos dejase de vuelta al aula hubiese sido de lo más fructífera, divertida y prolongada.

Los juegos elegidos por los niños durante el recreo, resultaban ser una seña de identidad para todos y dependiendo de ello, los niños nos interesábamos en poder participar en unos juegos u otro. En ello, se veía claramente el carácter de los niños más arriesgados y de los que menos, o de los más tranquilos y los más acelerados o también de los más conflictivos y los más conciliadores.

Con respecto al ruido que se generaba, sigue siendo el mismo, generaciones tras generaciones. Aunque hayan cambiado los hábitos de juego, cuando los niños salen al recreo, siguen necesitando desfogar y gritar después de haber estado encerrados en clase durante algunas horas. Es un comportamiento atemporal que se repite de manera natural durante la niñez. Precisamente, esa característica me lleva a reflexionar que, se trata de uno de los pocos comportamientos con los que me puedo seguir identificando con respecto a los niños de mi generación.

En mi pueblo, el único colegio que existe, está situado en la calle donde vivo y me resulta un auténtico placer, escuchar la sirena del colegio, a las doce de la mañana, anunciando la hora del recreo y acto seguido, escuchar el ruido estridente y a la vez enternecedor, de las voces de niños chillando y liberando energías durante ese corto periodo de tiempo.

Es un sonido que me gusta escuchar, normalmente ocurre de forma inesperada y siempre se me torna una sonrisa que me ayuda a recordar que, yo también fui niña.